domingo 30 de mayo de 2010

¿VALDRÁ LA PENA?

Las desveladas, las vueltas en carro, el sacrificio de tiempo, el llanto por hambre en medio del tráfico, la impotencia de mirar a través del espejo retrovisor el sufrimiento de su Antonio. Le daba pena propia pensar que un bebé no le resultara suficiente, querer hacer de su vida algo distinto a una madre. No se daba cuenta que cada día sus pasitos se iban borrando del suelo, cada vez se despertaba menos en las madrugadas, hasta que no abría los ojos si no la escuchaba junto a la cuna. Ya no había llantos ni sonrisas. Cuando entró a la recámara infantil y notó que podía ver a través de la cabeza de su hijo, lo tomó entre sus brazos y jugó con él hasta el momento de merendar. En la madrugada, un hombre llamó a los bomberos y la policía: su vecina, la dueña de una casa editorial, hacía una hoguera en su jardín, aventaba cientos de libros a las llamas, que ya rebasaban la altura de la casa.